MI EXPERIENCIA COMO FORMADORA ONLINE: ERRORES Y ACIERTOS

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Vivir en esta época tiene cosas buenas y malas. En este post no me voy a dedicar a desgranarlas. Sólo diré que una de las buenas es la democratización del conocimiento.

Esto implica que cualquiera (desde cualquier parte) puede crear y compartir formación online.

Me consta que es una buena opción para casi cualquier profesional.

Ser formador online tiene múltiples ventajas: dinero extra, reconocimiento profesional, estructuras mentalmente tus conocimientos, te obliga a actualizarte etc.

Por ello me gustaría dedicar un post a esta faceta mía. Por si le es útil a algún lector del blog.

Desarrollar una formación online

Primera experiencia: Curso online organizado con un Colegio Profesional. Prestigio y alcance.

Durante el 2015 yo me encontraba haciendo mis primeros pinitos con este blog y en el campo profesional de la Responsabilidad Social Corporativa, cuando recibí la primera propuesta para hacer un curso online de RSC y Trabajo Social del Colegio de Cádiz.

Nunca había hecho nada parecido, pero me pareció buena idea empaquetar mis conocimientos y transmitírsela a otros trabajadores sociales. Por entonces, ya estaba convencida (y sigo convencida) de que tener conocimientos sobre Responsabilidad Social Corporativa era un plus para cualquier profesional del sector social.

Acepté la petición y creé el primer curso online sobre Responsabilidad Social Corporativa y Trabajo Social. Sacamos 25 plazas que se llenaron sin problemas y durante un mes y medio tutoricé el curso.

Para los dos próximos años quisimos hacer otras convocatorias. Pero pasó algo curioso: cuanto más se a acercaba la fecha para el inicio del curso, más dolores y problemas en el estómago se me provocaron. Tuve que anular en esas dos convocatorias el curso, dañando mi imagen profesional y sintiéndome culpable por lo ocurrido. Por entonces no sabía que el cuerpo habla alto y claro para indicarnos que es lo mejor para nosotros.  Y el mensajero más persistente suele ser el estómago. La situación hizo que le cogiese miedo a comprometerme a impartir otros cursos online y me obligué a hacer a hacer análisis de mi experiencia con el curso online, viendo con claridad lo que me había gustado y no gustado de la organización del curso. Según mi experiencia, puedo contar lo siguiente:

Ventajas de organizar un curso online con un Colegio Profesional:

  1. No te tienes que preocupar por la plataforma de formación: los colegios suelen tener una propia o subcontratarla a una empresa.
  2. Tienes el apoyo y compañía de los técnicos del Colegio. A mi me tira muchísimo la relación personal con las personas con las que trabajo. Son fuentes de motivación y alegría durante el proceso.
  3. Tienes el respaldo de una institución con prestigio: no es lo mismo una empresa cualquiera que un colegio profesional. Éste suele darte la opción de que tu curso esté homologado para oposiciones y los alumnos se apuntan al curso con más confianza. Un curso impartido desde un colegio profesional tiene un sello de calidad incuestionable.
  4. Mayor prestigio como formadora y profesional. Los colegios profesionales no suelen buscar a cualquiera que se ofrezca para impartir una formación desde su institución. Eligen cuidadosamente al formador/a y se aseguran de la calidad de la formación. Al fin y al cabo se juegan su propia reputación.
  5. Se llega a más gente ya que promocionan el curso entre los colegiados.

Desventajas:

  1. Dependes de una institución externa: pueden cambiarte fechas, no entenderte con el técnico del Colegio, que no te sientas bien atendida. A mi personalmente no me ha pasado, pero puede ocurrir.
  2. El Colegio no es una empresa de formación. Por tanto, cualquier incidencia con la web se dificulta mucho. La prioridad del Colegio no es la formación online, es dar servicio a los colegiados. No se les puede pedir que de repente los técnicos se conviertan en programadores y solucionen las cosas rápido.
  3. No suelen estar preparados para tener alumnos de otros países (pierdes alumnos)
  4. Se quedan con un margen económico de la formación.
  5. Tienes una fecha fija para empezar el curso y no puedes aplazarlo.
  6. Tienen el precio fijado de antemano y es bajito. Poca rentabilidad.

Segunda experiencia: Curso online organizado con otras empresas de formación.

En mi caso fue la famosa empresa Grupo 5, a través de IFIS, su empresa de formación.

Yo soy fan de Grupo 5, me encanta su editorial. Es una empresa pionera y referente en el sector social en España. Si tenían una empresa de formación, ¿cómo no iba a intentar entrar como profe?

Les hice una propuesta y la aceptaron. Aparte de Grupo 5 hay otras empresas como Intervención Social S.L que oferta formación online. Sólo es cuestión de contactar con ellos, hacerles una propuesta, justificársela bien y con suerte te abrirán las puertas.

Ventajas:

  1. Trabajas con expertos en el sector social y del sector de la formación.
  2. Mayor prestigio profesional.
  3. Llegas a mucha gente. Estas empresas invierten en publicidad y tienen un gran banco de datos.
  4. Te ayudan a montar tu curso con la máxima calidad. Aprendes mucho con ellos.

Desventajas:

  1. Fecha ya programada y fija.
  2. Lo normal es que el precio final del curso sea más alto que en los Colegios y tu margen de ganancia es menor. Al ser el precio más alto, es más difícil tener alumnos.
  3. Al ser una empresa externa dependes de ellos. En mi caso no se llegó a un número mínimo de alumnos, así que se anuló.
  4. Puede que tengan el precio fijado de antemano. Te puede parecer demasiado caro el curso o demasiado barato.

Tercera experiencia: Libre como un pájaro. La web Brainspro.

Aunque las dos experiencias anteriores fueron positivas para mí, llegó un momento en que me puse “más en serio” en pensar en mi curso online.

Leí blogueros expertos en el tema de los Infoproductos como Franck Scipion. Y llegué a la conclusión de que había una tercera vía más adecuada para mi y mi situación: Montar mi propio curso online. Para ello, topé con una empresa de innovación social de Málaga llamada Ecoemprende. Tenían en fase Beta una web de formación especializada justo en innovación social y sostenibilidad. Blanco y en botella.

Existen además otras plataformas más generalistas como Udemy.

Ventajas:

  1. Tienes libertar para crear tu propio curso con las condiciones que quieras: fechas, contenidos, precios.
  2. Utilizas una plataforma creada específicamente para profesionales como tú. Eso hace que sea muy intuitiva de utilizar y tienes un buen servicio técnico.
  3. Están habilitadas para alumnos de otros países.
  4. Si te pones a investigar, en sus blogs suelen haber muchos recursos para los formadores.

Desventajas:

  1. Dependes totalmente de tu propio trabajo: Lo puedes hacer mejor o peor. No hay ninguna institución externa que te revise o te “regañe” por la mala calidad de tu curso. Responsabilidad total.
  2. Llegas a poca gente. Al ser una web de formación generalista de nuevo dependes de tus propios contactos y capacidad de convocatoria.
  3. Al tener tanta libertad tienes que dedicar un tiempo a ensayo y error, viendo que opciones te funcionan y cuáles no.

Conclusión

Hay distintas opciones dependiendo del objetivo principal y las características de cada formador.

A mí, por ejemplo, me vino muy bien empezar a trabajar con el Colegio de Trabajo Social de Cádiz, donde son especialmente abiertos a la hora de recibir propuestas innovadoras.

Cuando empecé a tener problemas con las fechas tuve que buscar otras opciones que se ajustaran más a mi situación personal y profesional.

También hay que tener en cuenta los propios contactos del formador.

En mi caso tengo un blog con suscriptores y una página de Facebook especializada, eso facilita que tener el curso de forma “libre” sea una opción posible.

Si no se cuenta con blog o una base de datos de potenciales alumnos, pienso que es mejor las dos primeras opciones.

De momento, estoy contenta con Brainspro y actualmente estoy probando diferentes fórmulas con el curso online de RSC para la Intervención Social.

Empecé anárquica total: no había fechas de matriculación ni número de alumnos máximo. Ahora voy a probar con grupos de 10 alumnos cada tres meses para realizar un mejor seguimiento del proceso de aprendizaje.

Y esto es todo amigos.

Si os animáis a crear un curso online os deseo mucha suerte!

La clave está en mejorarlo poco a poco. Estar convencido de que se está ofreciendo un buen producto. Y disfrutar con el proceso!

Un abrazo

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TRABAJO SOCIAL E INTELIGENCIA FINANCIERA: EL PORQUÉ ME ARREPIENTO DE HABER HECHO TANTO VOLUNTARIADO

Durante el pasado mes de Enero, al tener vacaciones me he permitido el lujo de poder quedar con todos los amigos y amigas que ya no viven en Sevilla y que volvían a casa por Navidad.
Además de la tremenda alegría que da volver a ver a amigos que, por circunstancias laborales, ya no puedes ver a menudo, varios de ellos me dejaron charlas trascendentales, de esas que te dan una idea de por dónde debes orientar los objetivos de año nuevo.
Tengo que decir que los meses julio-agosto-septiembre y los que siguen han sido muy difíciles para mí en el plano laboral. La morosidad de las administraciones públicas (que aún continúa inexplicablemente) y las muchas opciones que tengo abiertas, me tenían sumida en una especie de estado de shok: ¿por dónde tirar? ¿Por qué he sido tan estúpida de haber delegado mi sueldo del 2015 en una subvención? ¿Tendré éxito en mis proyectos más ambiciosos?
Sobre todo esto me quejaba a un amigo que tenía una trayectoria bastante parecida a la mía: es emprendedor, muy formado y con una ilusión desbordante. Además tengo que decir que mi amigo es lo que se llama en el mundo empresarial un “Connector”. Los connectors son personas que parecen que han nacido con una agenda y un teléfono móvil bajo el brazo. Mi amigo destaca por su cantidad de contactos y el firme empeño de que esos contactos se conozcan entre sí y lo que es más importante, que se ayuden entre sí. Si quieres que te presenten a alguien tienes que llamarlo y él te lo presentará encantado. De hecho, le gusta tanto su labor como “casamentero profesional” que se dedica profesionalmente al networking actualmente.
Mi amigo me escuchó y me dijo: “ayyy Almudena, yo también he pasado por eso. Y te diré lo que me recomendaron mis mentores de por entonces. Has emprendido demasiado pronto y te estás agotando. Tienes que aprender más sobre la vida. La gente tan idealista como nosotros no para de emprender cosas. Está en nuestra naturaleza, pero tienes que equilibrarte, te recomiendo que cojas más trabajos por cuenta ajena durante un tiempo al menos para recuperarte anímicamente. Yo fue lo que hice. Y ahora vuelvo a las andadas con mi propio proyecto con un poco más de energía”.
Y que razón tenía. A pesar de que recuerdo mi época universitaria como la más fácil y una de las más felices de mi vida, tengo que decir que mi idealismo hizo que tomase algunas decisiones que no fueron buenas. Empecé en el mundo de las ONG muy pronto, con 16 años y me sentí como pez en el agua ¡había encontrado mi sitio! Por eso estudié no sólo una carrera social sino dos: trabajo social y educación social. Los fines de semana coordinaba un proyecto social que había montado con mis amigos en un barrio en riesgo de exclusión social. Pasábamos tanto tiempo allí que bromeábamos con mudarnos al barrio, con las familias a las que atendíamos. Además entre semana estudiaba las dos carreras y era activista de Amnistía Internacional. Cuando mis compañeras de clase se iban a casa a estudiar o a trabajar yo me dedicaba a perseguir alumnos por el campus para que firmasen por la abolición de la pena de muerte en Japón. Gracias a mi pasión por la carrera conseguí muchas becas para hacer prácticas fuera de España. También tenía todo el tiempo del mundo para ir a congresos y cursos gratis. Mi vida era el trabajo social y la educación social, todo lo demás, sobre todo el dinero era innecesario. No entendía por qué había compañeras/os que trabajasen los fines de semana, salvo aquellos que realmente lo necesitaban. Pobrecillos pensaba, no tienen tiempo para hacer voluntariados ni irse a México a aprender. Como siempre he sido una persona muy poco materialista tampoco sentía que necesitase el dinero para caprichos. A mi hermana por ejemplo le gusta mucho la ropa y ella si trabajaba en su tiempo libre.

El jarro de agua fría llegó en el mundo laboral. En el mundo académico estaba en mi salsa, si te esfuerzas, sacas cualquier cosa. En el laboral hace falta otro tipo de inteligencia que se conoce como inteligencia financiera: la capacidad de ganar dinero y administrarlo bien. Y ahora paso a dar mis argumentos de por qué no debí haber hecho tanto voluntariado y si desarrollar otras habilidades:
1. Escoger bien las prácticas: Yo estaba tan cansada de mis múltiples voluntariados y prácticas en otros países que no escogí bien las prácticas en mi ciudad natal. Amigas mías sin ninguna experiencia de voluntariado si escogieron bien y pudieron quedarse a trabajar allí después.
2. Confundir las cosas: Tanta experiencia con ONG y prácticas gratuitas me hicieron olvidar lo que es el trabajo en sí: el trabajo está para darte dinero y tener unos medios para vivir independientemente. Yo no he correlacionado trabajo-dinero hasta hace muy poco, ya que siempre he dado mi tiempo libremente. Hay compañeros/as que tienen experiencia en otros sectores profesionales y eso está bien. Eso hace que sean más precavidos con su tiempo y escojan mejor las oportunidades. De hecho, las mejores trabajadoras sociales emprendedoras que conozco curiosamente han trabajado mucho en otros sectores como en tiendas de ropa.
3. Desarrollar otros conocimientos transversales: Más importante que la experiencia del voluntariado en el mercado laboral son saber inglés, el paquete office, carnet de conducir, ventas, contactos. Aprende esto cuanto antes y dominarás el mundo.
4. Alimentamos una rueda injusta: Como dice uno de mis profesores de carrera “la ley de voluntariado es una ley de economía en el fondo”. Es un problema terrible en la profesión. Nos están eliminando como profesionales y hacer voluntariado alegremente contribuye a ello.
5. Sobreestimar las becas internacionales: Una de las razones por las que he sido adicta a los voluntariados eran mis ganas de conseguir becas y hacer prácticas fuera de España. Era realmente buena haciendo esto. Sin embargo, después me he dado cuenta de que hay muchas, muchas opciones para coger experiencia fuera. Y opciones más inteligentes financieramente hablando. Ahora hay plataformas de intercambio internacional por todas partes, incluso para buscar trabajo allí directamente. Además de páginas de voluntariado internacional como hacesfalta.org u organizaciones como AIESEC. Vamos, que no hace falta conseguir una beca de la Universidad para aprender fuera.
Para terminar me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre la inteligencia financiera y los trabajadores sociales.
Se me ocurre una cosa. ¿Y si tal vez la profesión esté tan mal pagada porque está formada por gente naturalmente con poca inteligencia financiera? ¿Atraerá la profesión del trabajo social a personas financieramente un poco ineptas que se sienten seguras trabajando en ONG y en la Administración Pública en dónde hablar de dinero es poco común? ¿En el fondo nos sentimos más cómodos trabajando gratis? ¿Qué tenemos que hacer los trabajadores sociales para espabilarnos en tema del dinero?
Por mi parte estoy en ello. Después de detectar esta limitación como emprendedora dedico mucho esfuerzo en desarrollar mi inteligencia financiera, que está ahí escondida tras años de vivir en el país de las piruletas. Ahora estoy aprendiendo que no puedo vivir sólo de buenas intenciones, tengo que seleccionar mejor mis proyectos (en función a su rentabilidad) para no desgastarme como emprendedora. En el mundillo empresarial se dice que en un verdadero emprendedor debe ser dos cosas: 1) Un visionario y 2) un gánster. El visionario ve las oportunidades, anima a la gente a seguirle y tiene intenciones puras. De eso tengo mucho. Pero el gánster debe saber poner límites, hacerse respetar y ver fríamente la situación real. Espero poco a poco mejorar en este aspecto. No quiero decir que de repente me vuelva una capitalista sin escrúpulos deseosa de arrancarle a mujeres, hombres y niños todos sus ahorros. Pero si tengo que equilibrarme en este aspecto. Tengo que hacerlo por mi bien y el de mis proyectos. Si no, siempre seré una emprendedora a medias.
P.D. Este post va dedicado a varios trabajadores/as sociales jóvenes que después de mis charlas se acercan para comentarme lo que les angustia trabajar en sectores que no son “lo nuestro”. Repetiré lo mismo que le digo a ellos: eso no resta, al contrario, suma. Siempre estamos aprendiendo. Los trabajadores/as sociales debemos de tener los pies en la tierra y la verdad, el trabajo, de lo que sea, ayuda a esto. Vedlo como una oportunidad, no como una amenaza para vuestra vocación.

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